La lucha que es y no debería ser.

A propósito del día internacional de la mujer, alguien me compartió un artículo. Este artículo tuvo un particular impacto en mi porque se preguntaba por lo que significa ser mujer. Escrito de manera maravillosa, la reflexión fue para mí absolutamente válida y pertinente. Yo misma me lo he preguntado varias veces: cuando veo lo que ya “no es ser mujer”, cuando veo las luchas a las que (unas más, otras menos) nos hemos comprometido, cuando leo textos cargados de prejuicios o aquellos reivindicativos me pregunto finalmente qué es eso que nos une, qué es eso de ser mujer. Claramente, esa respuesta no se limita al hecho de tener órganos sexuales femeninos (aunque el cuerpo femenino es clave en este análisis), pero tampoco se limita a “sentirse mujer” (¿o sí?). Sin lugar a dudas la construcción actual de lo femenino viene precedido por las transformaciones que el concepto ha sufrido, más que nunca, en los últimos años. Estas transformaciones son innegables, pero el sufrimiento asociado, también. Entonces me pregunto, ¿se está aunando inevitable el ser mujer con luchar? ¿significa entonces que para “ser mujer” hay que luchar? ¿Hay que sufrir? ¿Es eso lo que finalmente nos estará uniendo? A mí me da miedo pensar que es así. Me da miedo que se normalice la lucha contracorriente con el ser mujer y entonces se desdibuje la reivindicación de aquello por lo que se lucha, y el valor se traspase a la lucha en sí misma. Así la lucha se volverá infinita y las luchas, por definición, no deben serlo.

Sin embargo, pensando en la conmemoración del día de la mujer hoy 8 de marzo decido hacer un ejercicio en Twitter: le pido a las mujeres que mencionemos las veces que fuimos juzgadas por no cumplir las expectativas de ser mujer. Debo confesar que no me espere tanto y tan doloroso. Con cada frase que leía se me hacía más hondo el hueco en la mitad del pecho: mujeres juzgadas y violentadas por no ser madres, por usar anticonceptivos, maltratadas en su trabajo, tratadas como putas por tomar decisiones autónomas, concebidas como incapaces de pensar sin un hombre al lado. Violencia y más violencia. Recibí más de 400 respuestas y con cada una quedó clara la necesidad de seguir en esa incesante lucha y constante reflexión.

Estas frases fueron dichas por mujeres nacieron y crecieron en el siglo XX. Mujeres que nacieron después de la primera marcha de las mujeres trabajadoras, después de la legalización del voto femenino en Colombia,  después de la revolución feminista de los 60, después del boom académico del feminismo…. después de tanto y sigue sin ser suficiente:

“Eres lesbiana porque ningún hombre te lo ha hecho como es, venga le enseño”

“Usted tan linda Dra. yo vine fue a mirarla, no a escucharla”

“El colmo que pongas a tu marido a planchar y no lo hagas tú”

“Con esas piernas peludas mamita, no se la come ni el óxido”

“¿Cómo así que no quiere tener hijos? Eso es porque no le ha llegado el hombre que es”

“Tan raro que te guste el fútbol, si eso no es pa mujeres”

“¿Se divorció? ¿Y es que no piensa volver con él? Las mujeres no pueden andar cambiando de marido así como así”

“Cuando mi mamá me dijo que para qué quería casarme si no iba a tener hijos”

“Mi papá me pegaba con la excusa de que una mujer sin disciplina era una PUTA SEGURA”

“Si no te gustan las flores te sometes a un mal novio”

“Toda mi familia piensa que soy lesbiana porque nunca les presenté una pareja”

“Porque no toleré una infidelidad y me separé, un tío me decía, si ve por eso es que ya no duran los matrimonios”

“Mi cita era con UN anestesiólogo…yo no sabía que las mujeres podían ser anestesiólogas”

“Y ni contar las veces que han atribuido un mal genio a la menstruación o a que me “falta verga””

“El campeón fue el que me dijo que las mujeres no deberíamos fumar ni beber ni enfiestarnos tanto como los hombres”.

“¿Por qué se ríe tan duro? ¿Por qué se sienta así? ¿Por qué dice groserías? ¿Por qué le habla así a los hombres?”

“Nos encanta que gerencias este proyecto pero para la reunión necesitamos que este un hombre de peso”

“¡¿Ud. carga condones?!”

“Fui a una droguería donde me conocían a ponerme la inyección anticonceptiva, el tipo me dijo: ¡Ah! ¿O sea que ya te casaste?”

“Muy buen texto, ¿lo escribiste tú o tu marido?”

“Una «amiga» me decía: «pero te salva la cara» y un familiar que dice que si no fuera gorda «podría» ser bonita”

“Cada vez que digo que quiero algo siempre hay un hombre pendejo que dice “dígale a su marido que se lo compre””

“Deberías ponerte más a menudo tacones, te ves más flaca”

“¿Está embarazada de una niña? ¿no habrá un error en la ecografía?”

“¿Quieres ser cirujana? ¿Y la familia? ¿Los hijos?”

“Igual de puta a la mamá (mi papá por demorarme a la salida del colegio mientras hablaba con mis amigas)”

Y esto es solo una pequeñísima muestra. Gracias a las cientos de mujeres que con sus pequeñas historias me mostraron a mí y a muchas (y muchos) más que es necesario seguir construyéndonos diferente. Yo me comprometo a que no dejaré de hacerlo, así a veces quisiera que la lucha finalmente terminara.

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